4/07/2012

Yo también sé jugar.

No me subestimes estimado amante. No soy ni mejor ni peor que tú. Ni siquiera diferente.

La pólvora se inventó hace siglos, y tú y yo somos pólvora juntos, así que no hemos inventado nada.
Somos como todos los amantes que recorren el camino de vuelta.

Somos los que sólo esperamos un café bien hecho por la mañana (antes o después de deshacernos de esas toxinas que nos prestó el vino nocturno y ahora nos sobran).


No quiero que me despiertes si intuyes que soy mediocre para ti. Sal por la puerta, respira hondo, siéntete libre.
Si acaso déjame una educada pero expeditiva nota que no te deje mal posicionado.

No quiero que me pidas que me quede si sabes que eres un lastre para mi. Sólo déjame salir  de tu casa con dignidad y  colocándome las medias. Y dame un adios en condiciones.

 Pero no juegues conmigo si tienes miedo de lo que se avecina.

Yo también sé jugar. Y muy bien. Soy especialista.
Es lo más viejo del mundo, la rueda de los amantes. El sempiterno tira y afloja del deseo mútuo.

 Pero no me apetece y no estoy por la labor.

El tiempo es un tesoro,  y la espontaneidad en sí misma es tan preciada que casi me lleva al orgasmo.

Si tienes sed, bebe. Si no... deja el grifo abierto.

Y que el agua corra...